Algo se avecina
¿Qué piel estás mudando en este momento?
Unos días antes de que el 2025 llegue a su fin, la tubería explota en el baño de mi apartamento y el piso se inunda por completo.
No sé qué pasa, pero durante esta época del año el universo tiende a jamaquearme con algún imprevisto que me dice:
“¿Te creías que era por ahí? Pues no.”
Y me cambia las cartas en el último momento.
Mientras mi novio y yo pasamos horas sacando agua, secando muebles para salvarlos, pienso:
¿Y ahora qué viene?
Esa última semana del año ha sido testigo de cambios desde que tengo 10 años, cuando a mi abuela materna le diagnosticaron cáncer y la perdí meses después. He conocido personas claves que cambiaron mi perspectiva. He descubierto verdades que me obligaron a salir de lugares de los que nunca imaginé irme.
Un año incluso pasé horas sola en una autopista de Uganda porque el carro dejó de funcionar y el chofer se montó en una moto y desaparació.
Pero esa es una historia para otro día.
He aprendido que esta época del año, al menos para mí, se convierte en una especie de portal donde cualquier noticia es posible.
Así que como estoy feliz, enamorada, estable y un poco temerosa por este patrón… cuando se acaban las fiestas del 25 de diciembre, decido quedarme quietecita en mi casa.
En la mía. Sin planes grandes. Como si el universo no pudiera verme.
Pero la tubería se rompe.
Y mientras paso el resto de la tarde haciéndole el deep cleaning al apartamento que llevo meses postergando, lo sé: algo se avecina.
La noticia de que pierdo mi trabajo llega unos días después.
Me toma por sorpresa. Siempre lo hace.
De repente, mi calendario para el 2026, que me tiene fuera de Puerto Rico por casi cuatro meses antes de mitad de año, queda en blanco.
Completamente en blanco.
Me obliga a preguntarme:
¿qué es lo que realmente quiero hacer?
Y por primera vez en mucho tiempo, me permito no hacer nada.
Al menos lo más “nada” que puede permitirse alguien que siempre está haciendo algo.
Trabajo en mi résumé.
Me alejo de las redes sociales.
Empiezo un curso de escritura creativa.
Achico mi círculo aún más. Voy adentro.
Los nuevos planes de quedarme se sienten como un alivio bajo estos términos.
Y mientras más tiempo paso en casa, más quiero que esté bien.
Que se sienta mía.
Arreglo la mesa del balcón y la convierto en mi área de estudio para disfrutar del fresco de la mañana.
Boto y dono ropa vieja.
Tapizo la cocina para que se vea más linda.
Cocino casi a diario.
Leo y escucho libros.
Vuelvo a meditar.
Ya he sobrepasado suficientes crisis como para entender que no puedo forzar las respuestas.
Esta también va a pasar.
Toca cuidarme para estar lista cuando lo haga.
Si sientes que te está pasando algo similar, eres parte del colectivo.
El 17 de febrero comienza el Año Nuevo chino y terminamos el año de la serpiente. Mucho de lo que está pasando se siente así: como soltar identidades que ya no te sirven.
La serpiente muda su piel cuando le queda pequeña.
No porque odie la piel anterior.
Sino porque ya no le cabe.
Y no hay más remedio que volver a adentrarte.
Escucharte.
Cuidarte.
Respirar.
Y si estás en las mismas,
si algo se cayó, se movió o se quedó en blanco sin avisar,
no lo atravieses sola.
Escríbeme.
Cuéntame qué piel estás mudando.
Te leo.


